Carta de un restaurante
Impreso en la mesa. Apunta a una página estable del propio dominio, para poder cambiar los platos sin cambiar el código.
Se codifica como
https://ejemplo.com/cartaLos resultados aparecen mientras escribes. Usa las flechas arriba y abajo para revisarlos e Intro para abrir uno.
Sin resultados para .
Prueba con una palabra más corta o explora todos los generadores.
Recientes
Se guardan solo en este dispositivo; nunca se envían a ningún sitio.
Los resultados aparecen mientras escribes. Usa las flechas arriba y abajo para revisarlos e Intro para abrir uno.
Sin resultados para .
Prueba con una palabra más corta o explora todos los generadores.
Recientes
Se guardan solo en este dispositivo; nunca se envían a ningún sitio.
Convierte cualquier dirección web en un código que abre esa página al escanearlo.
Se genera en tu dispositivo. Nada de lo que escribes se envía a ningún sitio.
Es el código QR más usado del mundo y el más sencillo de explicar: dentro va una dirección web, y el teléfono la abre. Toda la dificultad está en decidir qué dirección poner, porque un código estático apunta siempre al mismo sitio y esa decisión sobrevive al cartel, al folleto y al envase donde acabe impreso. Una URL demasiado larga produce un patrón demasiado fino para el tamaño al que pensabas imprimirlo; una URL que cambia con el próximo rediseño de la web convierte una tirada entera en papel muerto. Este generador se encarga de la parte mecánica —normalizar la dirección, añadir el esquema si falta— y esta página se ocupa de la otra, que es la que de verdad falla.
Una dirección web es el contenido más universal que existe en este formato. Cualquier cámara y cualquier aplicación de lectura, por antigua que sea, sabe qué hacer con ella sin configuración de ningún tipo.
Aunque el código es fijo, la página a la que apunta no lo es. Si mantienes estable la dirección y cambias su contenido, el mismo código impreso sirve para una campaña nueva sin reimprimir nada.
La dirección va dentro del patrón, así que no hay ningún servicio de redirección que pueda caerse, caducar o empezar a cobrar. El código funciona mientras funcione tu web.
Si necesitas saber cuánta gente escanea, añade un parámetro de campaña a la dirección y míralo en la analítica de tu sitio. Obtienes el dato sin depender de un servicio externo de pago.
Impreso en la mesa. Apunta a una página estable del propio dominio, para poder cambiar los platos sin cambiar el código.
Se codifica como
https://ejemplo.com/cartaEn el envase o en la propia máquina, con enlace a las instrucciones y a la garantía. Sustituye a un folleto que se pierde.
Se codifica como
https://ejemplo.com/soporte/manualEn un cartel a pie de calle, para que quien pase pueda ver el programa y las entradas sin apuntar nada.
Se codifica como
https://ejemplo.com/eventos/otonoCopia en el campo «Dirección web» lo que hay en la barra del navegador, en lugar de escribirlo de memoria. Si te dejas el `https://` se añade automáticamente, pero un dominio mal escrito no se puede adivinar y produce un código que no lleva a ninguna parte.
Los parámetros de campaña y seguimiento pueden duplicar la longitud de una URL, y cada carácter añade módulos al patrón. Si no vas a mirar esa analítica, quítalos: el código se vuelve notablemente más grueso y más fácil de leer impreso.
Un código impreso no se puede corregir. Apunta a una dirección que controles y que no vaya a moverse: la raíz de una sección antes que una URL profunda, tu propio dominio antes que el de un tercero.
Léelo con dos teléfonos distintos y al tamaño real al que se va a imprimir, no ampliado en la pantalla. Es la única prueba que dice algo sobre cómo se comportará sobre papel.
Es el fallo más frecuente. Una URL con parámetros de seguimiento puede pasar de cuarenta a doscientos caracteres, y el patrón resultante tiene tantos módulos que a tamaño de tarjeta ya no se lee. Limpia la dirección antes de generar el código, no después de imprimirlo.
Las direcciones profundas cambian con cada rediseño. Un código en un envase dura años, y el enlace al que apunta no siempre. Prefiere una dirección corta y estable que puedas redirigir tú mismo si hace falta.
Acortar reduce los módulos, lo cual es una ventaja real, pero añade una dependencia: si el acortador cierra, todos los códigos impresos dejan de funcionar a la vez. Para tiradas grandes, un dominio propio corto es más seguro que un servicio gratuito.
Un código no enseña su destino. Sin una línea al lado que explique qué va a pasar, mucha gente no lo escanea, y con razón: abrir una dirección desconocida es exactamente lo que enseñan a no hacer.
Una dirección sin `https://` puede interpretarse como texto en algunos lectores antiguos, que la muestran en lugar de abrirla. El generador lo añade por ti, pero conviene saberlo si alguna vez montas el contenido fuera de aquí.
Es el tipo de contenido con mejor compatibilidad de todos. Cualquier cámara de iPhone o Android desde hace más de una década reconoce una dirección web y ofrece abrirla, y lo mismo hacen todas las aplicaciones de lectura. Las diferencias son de presentación: iOS muestra una notificación con el dominio visible, Android suele abrir una vista previa en Lens, y algunos lectores de terceros interponen una pantalla de confirmación. Ninguna de esas variaciones afecta a si funciona, pero sí a cuánto ve el usuario del destino antes de tocar, que es la razón por la que el dominio conviene que sea reconocible.
El contenido es la dirección tal cual, sin envoltorio ni prefijo. Las direcciones en mayúsculas pueden usar el modo alfanumérico del formato, más compacto, pero solo si todo el texto lo es, y forzarlo perjudica la legibilidad del enlace cuando el lector lo muestra. Lo sensato es dejar la dirección como está y recortar su longitud.
No. El código que genera esta página es estático: la dirección va dentro del patrón y no pasa por ningún servicio intermedio que pueda apagarse o dejar de pagarse. Seguirá funcionando mientras la página a la que apunta siga existiendo, sin cuenta, sin suscripción y sin límite de tiempo.
La dirección codificada, no. Lo que sí puedes cambiar es lo que hay en esa dirección, y esa es la técnica habitual: apunta el código a una URL estable de tu propio dominio y actualiza su contenido —o redirígela desde tu servidor— cuando haga falta. Así el mismo código impreso sirve para destinos distintos a lo largo del tiempo.
Casi siempre porque la dirección es demasiado larga. Cada carácter añade módulos, y una URL con parámetros de campaña puede triplicar el tamaño del patrón respecto al mismo enlace limpio. Quita todo lo que no necesites, considera una dirección más corta en tu propio dominio y vuelve a generar: la diferencia suele ser inmediata.
Ninguno. Al leer un código estático el teléfono no consulta a ningún servidor: interpreta el patrón y abre la dirección directamente. No hay contador, ni cuota, ni nada que se agote. Puedes imprimirlo en un millón de folletos sin que cambie nada.
Acorta el contenido y engorda los módulos, lo cual ayuda al imprimir pequeño, pero introduce una dependencia permanente de un servicio ajeno: si cierra, todos los códigos impresos mueren a la vez. Para una tirada importante compensa más limpiar los parámetros de seguimiento o usar un dominio corto propio.
Este generador forma parte de códigos QR de sitios web y enlaces: consulta el grupo completo y qué conviene decidir antes de generar uno.